viernes, 6 de agosto de 2010

Exiliado en mi lar (qué titulos más chulos me invento)

 (Una habitación muy bonita para no dormir solo)

Chichos y chicas, no he muerto, y lo más importante: mi blog no ha muerto.

Ando ocupado entre quehaceres y quebraderos de cabeza, viviendo unos días de esos que la mayoría habréis vivido y seguiréis viviendo aleatoria y atemporalmente; unos días en los que crees que no encajas en este mundo, en tu ciudad o incluso en tus círculos más cercanos como pueden ser la familia o los amigos.
Un conocido mío suele decir que sólo un enfermo o un ignorante -en el menos despectivo sentido de la palabra- puede encajar en esta sociedad y aceptarla tal cual. Espero que sea cierto y los enfermos -y/o ignorantes- sean ellos. Los que están de acuerdo con que su alcaldía no quiera retirar manolitos que tributan a José Antonio Primo de Rivera, los que se destaparon con el mundial y siguen con la rojiguarra colgada en su balcón, los que antes del mundial llamaban "fachas" a todos los que llevaban rojiguarras y ahora las lucen ellos gustosamente con el pretexto del mundial y su puta madre, los alienados por la televisión, el pan y el circo, los hipnotizados por el dinero, las que sucumben a la moda más banal y se desahogan en Bershka para luego mirarnos mal a los que tenemos pinta de pedir en el metro, y en definitiva, todas y cada una de esas personas que son capaces de adaptarse a esta sociedad enferma, y cuyos orígenes sudan ante el dato de treinta millones de personas muertas por hambre al año -a pesar de que la producción mundial de los alimentos básicos equivale a más del 110% de las necesidades del planeta-, entre otras cosas.

Yo prefiero seguir perdiendo dinero, seguir debiéndolo -hasta que me partan las piernas, entonces ya ahí sí- o encerrarme en mi casa y ver ocho horas seguidas de exquisito cine. Vivir a mi manera, básicamente eso, pero sin bohemiadas ni rollos intento ser el más diferente y precisamente por eso soy más típico que el más típico de los españolitos. Y que ningún enemigo mío se alegre, no sufro ningún episodio psicodepresivo ni mi vesania transitoria ha ganado la partida; estoy más feliz que un regaliz y mañana me voy de parranda.

Y ahora lo importante: tengo películas muy interesantes para subir, como por ejemplo Novecento, Los edukadores o El gran dictador, entre otras muchas, aparte de material escrito insurgente y acrimonioso...

Para acabar dejo un vídeo que tiene ya su tiempo pero no por ello deja de ser curioso. Habla sobre la tortura y lo protagoniza Antonio Camacho, Secretario de Estado para la Seguridad.

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