jueves, 17 de mayo de 2012

Qué importa ser patriota o ser basura




Decía un argentino muy sabio que desgraciados los tiempos en los que hay que explicar lo obvio. El problema surge cuando el Pensamiento Único se propaga como la metástasis de tal manera que el mero hecho de disentir de él, o de algún aspecto por pequeño que sea, te convierte en un subversivo, en un “anti”. De esta manera, la clase dominante, es decir la oligarquía capitalista a través de sus voceros, especialmente los medios de información (que como ya advirtiera Einstein hacen casi imposible al ciudadano medio hacer un uso inteligente de sus derechos políticos), nos dicen quiénes son los buenos y quiénes son los malos.

Para los franquistas, los que estaban en contra de la Dictadura (Orden entre poco y nada depurado en el proceso de lo que llaman Transición) eran los “anti-España”. La política es poder pero también lenguaje (el gobierno de las palabras), y de esta manera la burguesía franquista se apropió del término España, de la Patria, tal que estar en contra de la Dictadura, de Franco, significaba efectivamente estar en contra de España, de la Patria. ¿Y qué gentes de bien iban a estar en contra de su propio país, de su propia Patria? Pues sólo un grupo reducido de trasnochados, abrecicatrices, rencorosos, bandoleros y anti-españoles en general, hoy llamados anti-sistema. El prefijo -anti, con sus connotaciones negativas nos dice quiénes son los malos y, por consiguiente, quiénes son los buenos.

Pero España, antes que nada, son los españoles. Ni una empresa privada ni un equipo de fútbol, sus ciudadanos. Si nos fijamos, normalmente y como no puede ser de otra manera, quienes más patriotas se sienten, quienes lucen más pulseras de España suelen ser las gentes de derechas. Sienten que el país, igual que el poder, por historia, les pertenece. Es una muestra flagrante del franquismo sociológico fantasmagóricamente presente en todos los rincones, y lo más grave: en nuestras cabezas. A diferencia de otros, el fascismo sí supo adaptarse a la realidad y cambió la cárcel, los fusilamentos y el dominio militar (salvo que la correlación de fuerzas no le sea muy favorable) por uno mucho más temible y poderoso: el dominio de la mente.

Llegados a este punto, explicar lo obvio es explicar que la derecha española, en ninguna de sus formas, puede ser patriota. ¿Por qué? Porque las políticas económicas de la derecha consisten en vender los recursos naturales, las empresas públicas, los derechos más básicos de los ciudadanos y el país, en definitiva, a manos extranjeras. ¿Qué clase de patriota podría anteponer acabar con el déficit y una dueda ilegítima a cubrir los servicios sociales más indispensables de sus ciudadanos como la sanidad o la educación? ¿Qué clase de patriota gobernaría por y para el FMI o el BCE en vez de por y para sus ciudadanos? Tanto PP como PSOE deberían ser acusados de crímenes de lesa Patria (traición) porque no han hecho más que vender nuestro país a mercaderes extranjeros.

Si decimos que España son los españoles, podemos afirmar que ser patriota o un buen español significa mirar por los intereses de los españoles, o lo que es lo mismo: por el interés colectivo de nuestros compatriotas como “pueblo”. Esto es, para que nos entendamos, defender lo público, que no es lo de nadie sino lo de todos, ya que es la única manera de intentar que se cumplan, aunque sea por cumplir (valga la redundancia), los derechos recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos e incluso en ese pobre y cornudo pagafantas llamado Constitución. Partiendo de esta base, veamos unos ejemplos que nos sirvan para diferenciar entre un patriota y un payaso.

A grandes rasgos, la diferencia entre una empresa pública y una privada es que de la primera nos beneficiamos todos y de la segunda sólo unos pocos. Al gobierno de Felipe González se le dio bien aquello de privatizar empresas públicas, entre otras anécdotas como la corrupción y el terrorismo de Estado (los GAL). Un ejemplo es la famosa Repsol, que fue privatizada en la década de los ochenta (como Telefónica, Gas Natural...). Felipe antepuso los intereses privados de unos pocos al interés general de la mayoría. Échenle un vistazo a la subida del precio de los hidrocarburos desde los ochenta hasta el día de hoy y díganme si Felipe es un patriota o un payaso.

Por otra parte, tenemos a la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández, que anunció la expropiación de Repsol (capital privado que apenas deja impuestos en España) y la renacionalización de YPF, filial de Repsol que fue privatizada por anteriores gobiernos argentinos. La buena de Cristina (que no es ni marxista ni de “los míos”) provocó la ira y una guerra dialéctica no sólo con el Gobierno sino con una buena parte de españoles que, sin saber muy bien por qué, se sintieron agredidos a pesar de que ni han sido ni son accionistas de YPF. No puedo pasar por alto el hecho de que nuestro Gobierno (y ciertos patriotas) se indigne con Argentina pero se arrodille encantado de la vida ante Merkel y el capital financiero que tiene secuestrada nuestra soberanía y eso que llaman democracia. ¿Se imaginan a Rajoy teniendo la misma valentía ante Mario Dragui o Christine Lagarde? Yo tampoco.

Argentina hace unos pocos años se parecía a la España de hoy, era un país gobernado por títeres a las órdenes del FMI hasta que acabó cayendo en la tremenda crisis del “corralito”, como bien le puede pasar a España. Pero un día decidió romper con los especuladores extranjeros y recuperar su soberanía para realizar, de manera nada radical o revolucionaria, políticas que intentaran garantizar algunos mínimos para la mayoría social golpeada por la crisis. Hoy, mientras la economía española decrece, la economía argentina crece al 7%. Un porcentaje que nos sirve para diferenciar entre estar gobernados por patriotas o por payasos.

Cuando se vacía de contenido la palabra patriotismo y se sustituye por un patrioterismo banal y pueril, y además desde tan alto nivel nos dan semejantes ejemplos, es normal que la gente no sepa qué es España o qué es ser patriota; es normal que alguien llame a Sabina “traidor” por apoyar la medida del Gobierno argentino; es normal que quienes no se sientan identificados por la rojigualda o el himno nacional sean tachados de anti-españoles; es normal que la línea limítrofe entre un supuesto patriota y un payaso sea tan difusa. Mi amiga Sari me da la razón.

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