jueves, 5 de julio de 2012

Camada negra (Manuel Gutiérrez Aragón, 1977)


 Pincha aquí para ver la película en youtube.

No hay que estudiar mucho la Historia para cerciorarse de que la violencia es su motor. Todo cambio sustancial de un sistema a otro e incluso dentro de un propio sistema ha venido mediante la violencia. Es fácil de entender: la sociedad se divide en clases sociales (burgueses y proletarios; explotadores y explotados) y todo Estado está basado en el monopolio de la violencia de una clase sobre otra. Un Estado capitalista es la dictadura de una minoría oligárquica y monopolista (banqueros y siervos del capital financiero) sobre la inmensa mayoría social compuesta por trabajadores de todo tipo. Un Estado socialista es la dictadura de la inmensa mayoría (proletariado, para ser más exactos) sobre la minoría oligárquica y monopolista. La diferencia entre un Estado y otro es que el primero intenta perpetuarse a costa de agudizar aún más las contradicciones y las desigualidades entre clases sociales, y el fin del segundo es desaparecer, y con él las clases sociales y por tanto las desigualidades (comunismo).

La clase dominante es dominante porque venció a la otra mediante la violencia (lo hizo la burguesía en los siglos XVIII y XIX y lo hizo el proletariado en el siglo XX) y se perpetúa mediante la violencia, especialmente la legal y 'legítima', como son las Fuerzas Armadas o la policía autonómica reprimiendo una manifestación de estudiantes. Los marxistas consiguieron algunos logros democráticos que permiten un estrecho margen de actuación institucional pero la historia abofetea, por si queda alguna duda, al discurso hippie y buenista cada vez que la llamada "izquierda transformadora" está a punto de tomar el Gobierno, que no el Poder: todo cambio en las relaciones de producción vendrá impulsado y se mantendrá, si se mantiene, mediante la violencia. Y ojo porque violencia es tirar una piedra pero también es defender tu casa y tu familia del ladrón que entra a robar por la ventana escopeta en mano. Por no hablar de la violencia capitalista que invade países por petróleo, mata a su propio pueblo de hambre y miseria o a palos directamente si éste se digna a rebelarse.

¿Es esto un alegato o una condena a la violencia? No, simplemente estoy diciendo la verdad del Perogrullo. Esto es lo que hay.

Pero no es esta la violencia que nos ocupa, de hecho no tiene nada que ver. Hago esta introducción porque sería muy fácil soltar un alegato contra la violencia en plan "comeflores" pero en política es imprescindible la honestidad intelectual, no digamos ya la otra.
Me gusta esta película porque pone de relieve la definición y la naturaleza de la ideología que mueve a estos chicos. Y es que el fascismo, antes que una bota militar o un símbolo, es la máxima negación del pensamiento. El fascismo resurge en momentos de crisis. Cuando no se dan respuesta a los problemas (tarea de la izquierda), la pereza mental se ofusca y señala al más débil de los primeros que pasen. Eso ocurría en el colegio cuando el tonto fuertote, amargado, sólo podía consolarse pegando al más débil. Ese tonto fuertote se hace mayor y hace exactamente lo mismo con el más débil que, en este caso, es el inmigrante, el homosexual o el propio trabajador explotado que, aún siendo pobre, resulta que es el culpable de la crisis porque ha vivido por encima de sus posibilidades o ha estafado un mes de paro. Da igual que los muy ricos roben al año 80.000 millones de €. A ese pobre diablo, anulado intelectualmente y rehén del odio, le ponen una venda en los ojos, le dan tres vueltas, un bate de béisbol y lo dejan que pegue palos de ciego como si estuviera jugando a las cucañas. Decía una canción que el burgués apunta y al nazi aprieta el gatillo. Decía, en el mismo sentido Brecht, que de qué sirve decir la verdad sobre el fascismo si no se dice nada sobre el capitalismo que lo origina.

Ese odio, esa frustración, esa violencia. Esa ignorancia. Decía Unamuno que el fascismo se cura leyendo. Y hay quien se pregunta que qué gana el Gobierno recortando en educación.

En fin, tiempos borrascosos. Si la izquierda no deja de tocar el violín y empieza a ofrecer respuestas, veremos lo absurdo de aquello de "cuanto peor, mejor". Porque el Socialismo no resurgirá como Venus de entre las aguas; pero sí lo hará el fascismo. ¿Y mientras? Los monstruos que surgen mientras los nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir. ¿Y luego? Los monstruos que produce el sueño de la razón.

Tatín quería sentirse aceptado, canalizar su odio, pero sobre todo obtener respuesta a la pregunta de por qué su vida es una ruina. ¿Cuántos Tatín habrá por aquí? En millones, la respuesta.

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