martes, 28 de agosto de 2012

Todos somos iguales pero unos más iguales que otros


Parece ser que han encontrado restos de los dos niños desaparecidos en Córdoba, Ruth y José, hijos de José Bretón, el único sospechoso de la desaparición hasta el momento. Esta noticia ha desatado el fervor popular; una parte importante de la sociedad pide mano dura, cadena perpetua e incluso pena de muerte, todo ello desconociendo o pisoteando el Derecho.

La muerte de personas siempre es lamentable y dolorosa, más cuando se trata de niños y más aún cuando se trata de -presunto- infanticidio. Esto lo saben mejor que nadie los padres y los que han perdido a seres queridos.

Ahora bien, a mí me molesta que esta empatía, esta solidaridad y este sentimiento de rechazo a lo que es el más condenable de los actos -el asesinato-, se convierta en indiferencia cuando se trata de casos anónimos sin cobertura mediática. Veamos: cada año treinta millones de personas son condenadas a morir de hambre; cada día mueren de hambre 25.000 niños según la FAO; y, según UNICEF, en los últimos diez años han sido asesinados dos millones de niños en guerras. Para qué seguir.

No hablamos de falta de recursos, de enfermedades, de inmundicia, no; hablamos de muertes, de asesinatos (decía Brecht que hay muchas maneras de matar). Cuando la producción mundial de alimentos básicos equivale al 110% de las necesidades del planeta, es decir, cuando hay recursos de sobra para que nadie se muera de hambre, hay que hablar de asesinatos, no de casualidades ni de lo injusta o azarosa que puede ser la vida.

A mí me gustaría que esa gente que a voz en grito pide mano dura, cadena perpetua, etc. lo hiciera también para quienes legalizan -o en el mejor de los casos no hacen nada por impedirlo- el asesinato de tan importante cantidad de niños y para quienes ejecutan un sistema que es incompatible con los Dederechos Humanos, empezando por el más básico: el derecho a la vida. Si así lo hiciéramos mandaríamos el mensaje a la sociedad de que todos los niños son iguales y todos tienen derecho a vivir, de esta manera golpearíamos las conciencias y haríamos más difícil que cualquier perturbado se atreviera a tocar a un niño.

Recordemos que el comportamiento de una persona está influenciado por el comportamiento colectivo de la sociedad en la que vive; seamos una sociedad solidaria que condene todos los actos de injusticia con los niños allá donde se cometan.

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