sábado, 15 de septiembre de 2012

Los ricos no meten goles (ni de penalti)

Con la repercusión mediática del proyecto Eurovegas han vuelto a la palestra tópicos que, sin saber muy bien por qué, están asumidos como verdades absolutas por la mayoría de la gente. Será aquello de que una mentira repetida cien veces se convierte en una gran verdad. El caso es que determinada gente reconoce que las fábricas de ludópatas y el proyecto especulativo que trae consigo Eurovegas no es el mejor de los modelos pero que, tal y como están las cosas, es mejor que nada, básicamente porque “crea riqueza”. Mientras esa determinada gente expone su 'alegato' la televisión proyecta la imagen del señor rico que recibirá subvenciones públicas y tratos de favor con tal de crear riqueza de la que, parece ser, se beneficiará España y especialmente la zona agraciada.

Más allá del caso concreto de Eurovegas, hay que empezar aclarando algunos conceptos básicos para ir adquiriendo poco a poco los conocimientos necesarios que nos rearmen ideológica, política e intelectualmente y nos sirvan para superar el actual sistema que nos condena a la ruina.

El término 'rico' es confuso y abstracto, pero en este caso nos puede servir para catalogar a un grupo determinado de personas que ocupan un lugar concreto en el sistema capitalista de producción. Ese lugar es el de la minoría privilegiada que posee los medios de producción, es decir, el de la burguesía. Esto significa que en realidad sólo son ricos quienes tienen la capacidad de vivir a costa del trabajo ajeno, o lo que es lo mismo, a costa de la explotación de la clase trabajadora (proletariado), obligada a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, mediante la plusvalía. Lo siento por aquellos que teniendo diez cuerdas de olivos se creen ricos.

Antes de nada, hay que puntualizar algo importante. En caso de que los ricos creen riqueza, no será una riqueza de la que se beneficie el pueblo, al contrario, será una riqueza que servirá para llenar sus bolsillos -y las cuentas bancarias en paraísos fiscales- y en última instancia engrasar la maquinaria que hace que los ricos cada vez sean más ricos y los pobres cada vez más pobres.

¿Quién genera la riqueza entonces? Los trabajadores, el proletariado. Puede haber riqueza sin capitalistas, sin burgueses, pero no puede haber riqueza sin trabajadores. Antes de ver un ejemplo para entender esto es necesario hacer una aclaración.

La riqueza es, básicamente, la plusvalía, o lo que es lo mismo, la ganacia limpia del capitalista una vez que ha pagado los costes de producción, como por ejemplo el salario del trabajador o el mantenimiento de una máquina. Pongamos que un obrero cobra 50 € por realizar un determinado trabajo durante 8 horas. Si el obrero produce en tan sólo 4 horas un valor superior a 50 €, el resto de la jornada está trabajando gratis y está produciendo la plusvalía mediante la cual el capitalista se enriquece. Digamos que un capitalista abre un negocio de zapatillas en Taiwan, contrata a 20 trabajadores que cobran en total 500 € al día y fabrican 50 pares de zapatillas por el valor de 2000 €. El capitalista se llevaría diariamente 1500 € de plusvalía. De aquí que todos hayamos escuchado alguna vez aquello de “nadie se hace rico trabajando”.

Sólo un sistema socialista en el que los medios de producción sean colectivizados puede garantizar que trabajando se cree verdadera riqueza, ya que la plusvalía que produjeran los trabajadores no iría a manos de un capitalista privado o a un banco suizo, sino que se volvería a invertir y a distribuir en la sociedad, en nuevas fábricas, servicios públicos, universidades, hospitales, etc. Aquí está la principal diferencia entre ambos sistemas: en el capitalismo trabajas para otro y en el socialismo trabajas para ti mismo. Los capitalistas dicen que es exactamente al revés, pero el marxismo es una ciencia. Huelga decir que tanto los servicios como las prestaciones sociales forman parte un salario, del indirecto para ser más exactos, que el capitalismo no puede garantizar; no sólo nos empobrece sino que además eleva el coste de la vida. Y luego llega la “epidemia” de la superproducción.

Decía antes que puede haber riqueza sin capitalistas y sin burgueses, pero que no podía haber riqueza sin trabajadores. Y es que atribuirle el mérito de la riqueza al capitalista es tan absurdo como atribuirle los goles al presidente de un equipo de fútbol.

No hay que irse muy lejos, incluso en el sistema capitalista se pueden crear cooperativas (con distintos puestos e incluso sueldos) en las que no haya una organización vertical mediante la cual se aprovechen los de arriba de los de abajo. Es más, muy mal se tiene que dar para que esta cooperativa no sea más eficiente y más productiva que, por ejemplo, la empresa de zapatillas que montó aquel hombre en Taiwan. Y si hay alguna duda bastaría con preguntar a los trabajadores de ambos sitios dónde trabajan en mejores condiciones y dónde son más felices, porque en definitiva el fin del ser humano es la felicidad (que es anticapitalista como bien apuntó Olarieta).

El mérito es de los trabajadores, de los jugadores, y eso no quiere decir que no haya distintos puestos o especialidades (“de cada cual según su capacidad”), lo que quiere decir es que el Presidente se tiene que encargar de sus tareas sin apropiarse del mérito de sus jugadores, porque esto, más allá de que fuera una inmoralidad, significaría la ruina para el equipo. En ese caso a la plantilla sólo le quedaría la legítima opción de levantarse y hacer como el Murcia: declararse un Club de Accionariado Popular.

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