martes, 25 de diciembre de 2012

Brevísima recopilación de datos (en forma de tuits) para saber dónde vivimos


España tiene el gasto público social por habitante más bajo de la UE-15, pero hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Los ingresos derivados del IRPF en España, desde el 2006 hasta el año 2011, crecieron un 6%, de 64.638 millones de euros a 68.557 millones. Los ingresos al Estado derivados de la carga impositiva sobre el capital han bajado el -68%, de 41.675 millones de € a 13.383 millones. El impuesto al capital, que en 2006 representaba el 23% de todos los impuestos, hoy representa sólo el 8%. Las rentas del capital de las enormes empresas multinacionales (en teoría el 35%, bajado más tarde a 30%), representan sólo el 5%. El resto de empresas que no son multinacionales y facturan menos de 10 millones de €, pagan el 15%, tres veces más que las multinacionales. Durante la crisis, el capital declaró 851.933 millones de €, pero sólo tributó 101.421 millones, es decir, un 11,9% (en vez del 28,5%). Si el capital hubiera pagado el 28,5%, el Estado habría ingresado 242.801 millones de €, unos 35.000 millones de € más al año. Y si las rentas del capital se gravaran como las rentas del trabajo la cifra de 35.000 millones de € al año sería mucho más elevada. El 44% de los ingresos al Estado procede del IRPF, de los cuales el 83% de la recaudación se basa sobre las rentas del trabajo. Esto es España: en 2008 sólo 1.400 personas (el 0,035% de la población) controlaban 789.759 millones de €; el 80,5% del PIB español. El 80,9% de la deuda española es privada; de ésta el 74,5% es de las empresas; de ésta el 95% es de las grandes empresas. Según el propio FMI, una cuarta parte de la riqueza mundial está en paraísos fiscales. Todo esto, antes que avaricia, chalaneo, desvergüenza, robo, corrupción y todo eso, es capitalismo. Capitalismo puro y duro. Al desnudo.

1 comentario :

  1. Como una tormenta de granizo, cuando estás solo, lejos de todo, aquí frente a la pantalla.
    Gracias por los datos, otra fuente de indignación que cada día hace más difícil mostrar algún signo de respeto por quien nos gobierna.

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