martes, 21 de mayo de 2013

Transformismo magenta



En tiempos de crisis política (de hegemonía o, propagada la metástasis social, de régimen) la clase dominante se ve obligada a maniobrar con el fin de mantener sus privilegios. Hay veces en las que el rey está tan desnudo que hacen falta cambios para, al menos, calmar a esos que piden democracia, o séase, derechos sociales. Un dispositivo puede ser lo que en términos gramscianos se conoce como transformismo. Algo así como la cooptación de los intelectuales de las clases dominadas para ampliar el respaldo social y político. Un dispositivo útil para legitimar, en última instancia, una transformación gatopardista que solo altere las estructuras superficiales del poder o, dicho en román paladino, que cambie todo para que todo siga igual. Distintos voceros de la oligarquía que hoy nos hablan de una “segunda transición”, sin querer, imagino, nos señalan a la Transición como ejemplo paradigmático de gatopardismo y, al mismo tiempo, de fondo, como el principal origen de todos nuestros problemas, por actuales y modernos que parezcan.


El bipartidismo, como fiel representante político del régimen, tiene unos límites que ya se están empezando a evidenciar encuesta tras encuesta aunque, como bien dice Rubalcaba –que suena a pretérito imperfecto pero no tiene un pelo de tonto-, sea prematuro decir que haya caído ya. Resulta imprescindible en este contexto un recambio de élites que legitime lo que se conoce sarcásticamente como “el juego democrático”. Una renovación de los actores para que nadie cuestione el escenario. Aquí es donde entra en escena UPyD. Su papel es el de Berlusconi en Italia tras el escándalo de la ‘tangentópolis’: impedir cualquier salida social en forma de ruptura democrática a la crisis y una “regeneración” que nunca, bajo ningún concepto, cuestione las viejas formas de dominación, es decir, el sistema capitalista de producción. Es importante entender UPyD como lo que es, primero para explicar y, segundo, para no equivocarnos. Indigna, y mucho, que UPyD se posicione a favor de quienes dieron el Golpe de Estado en 1936 pero, señores y señoras, así ha sido siempre la oligarquía española: una mezcolanza entre lo peor del neoliberalismo y lo peor del nacional-catolicismo.

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