lunes, 12 de octubre de 2015

12 de octubre

Hoy 12 de octubre, Día de la Hispanidad, cabría preguntarse dónde quedó el sueño de un proyecto político-cultural compartido por cerca de 500 millones de personas que hablan el castellano. Viendo el desfile se me ocurre que el último patriota fue Adolfo Suárez, traicionado por la plana mayor de vendepatrias que encabezan los desfiles desde los 80 hasta el día de hoy. A Suárez se lo carga el Rey, con el inestimable apoyo de la banca y Felipe González, el elegido por los norteamericanos y los alemanes para evitar un escenario como el portugués; los verdaderos diseñadores de la llamada Transición. La gran pregunta es: ¿por qué se lo cargan si, lejos de ser un revolucionario, no era ni de izquierdas? Porque el bueno de Suárez, como buen exfalangista, conservaba una mirada iberoamericana y un cierto recelo hacia el norte. Era contrario al ingreso de España en la OTAN, y solo una persona capaz de reconocer que no había leído un libro en su vida podía tener los cojones de decir en suelo yanki que a él no lo presionaba nadie, “y menos los norteamericanos”. Visitó a Fidel Castro, recibió a Yasir Arafat y reestableció relaciones diplomáticas con la URSS. A partir de ahí, una retahíla de traiciones que ningún medio de comunicación se ha atrevido siquiera a sugerir; hay documentales sobre su figura en los que no se pronuncia la palabra OTAN ni una sola vez.

Cuentan que Emilio Botín, del Banco Santander, fue a visitarlo a La Moncloa, y como tenía la gota le pidió al presidente que le dejara posar el pie encima de la mesa durante la reunión. Éste se negó, y poco más tarde uno de sus lemas de campaña fue: “Yo también tengo problemas con la banca”.

¿Por qué rescatar estas anécdotas un 12 de octubre? Porque nuestro papel de pardillos en “la construcción europea”, aparte de dejarnos de rodillas ante norteamericanos y alemanes, se cargó la posibilidad de una alternativa real. El espectáculo de unos que se creen más patriotas por lucir la bandera más larga y otros que se avergüenzan por ser españoles, es solo una de las consecuencias de esa derrota. Mención aparte merecería la izquierda que podríamos catalogar como cristiana, ya que solo vive moralidades.

“El nuestro es un país europeo, sin embargo, recibe su justificación de pasado, presente y futuro en Iberoamérica. Cada vez estoy viendo más claro que eso nos permite hacer de puente entre el mundo desarrollado y el menos desarrollado. Por eso España va a defender las posiciones iberoamericanas ante el Mercado Común Europeo. Y no seremos mendigos ante éste.” (Adolfo Suárez, 1978)

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Comentar

Estoy en Twitter

Archivo