martes, 27 de octubre de 2015

Historia de un eclipse (en memoria de Pruaño)



Recomendar las cuatro novelas de Los días de la gran crisis es, paradójicamente, fácil y difícil al mismo tiempo. Fácil porque no existe mayor atracción para el ávido lector de izquierdas que una conversación íntima entre González y Zapatero, Valderas y Maíllo o Iglesias y Anguita. Difícil porque eso no puede ser, claro. Es aquí donde entra la magia de Eclipse rojo y la literatura como la única mentira capaz de decir la verdad. Todo escritor es un mentiroso, y Felipe consigue engañarnos.

Eclipso rojo (así como la tetralogía en su conjunto, con la excepción voluntarista de Serpentario) es una historia de derrota y soledad. El solitario es aquel que le dice a su amada: me quedo solo, pero no me vendo. La sombra de Althusser planea en pugna con la de Egea: un comunista nunca está solo. Derrota, soledad y dignidad del que no asume los valores del vencedor. Como el revolucionario al que amenazaron con dormir en la cárcel y respondió que la pasaría entre rejas, pero lo de dormir todavía lo decidía él.

La novela no se limita a describir o contextualizar el eclipse, también nos dice que se puede salir de esa segunda clandestinidad, siempre y cuando cumplamos al menos dos condiciones sine qua non: ser radicales yendo a la raíz de los problemas e impedir que los responsables se erijan, de nuevo, en salvadores. Lo que está en juego es, ni más ni menos, que la existencia de la izquierda marxista en España. Esta vez no es el fantasma de Shelley sino el de Occhetto. Para entender esto, podemos distinguir dos realidades, la externa y la interna. Con la externa, referente al contexto en el que se enmarca el eclipse, basta con recurrir brevemente a la caja de herramientas de Gramsci, como gusta Garzón.

El 15M abrió lo que los posmodernos llaman ventana de oportunidad: la deslegitimación del régimen unida a una creciente ola de movilizaciones consiguió romper el candado del consenso, instalando en el imaginario colectivo la posibilidad de un cambio. Paralelamente, se inició un proceso de reorganización del bloque de poder, con el objetivo estratégico de una revolución pasiva controlada desde arriba, capaz de cabalgar la indignación recogiendo algunas propuestas, pero siempre llevando la iniciativa y dejando desnortada a la alternativa. Parece que Margallo tiene vocación de hombre de Estado y puede jugar un papel importante en la segunda transición que se viene: lo que se juega, en el fondo, es quién organiza los próximos 30 años. Faltan flecos para que la cooptación y el transformismo de una parte de la oposición rupturista, fruto de la propia dinámica de la política como el arte de lo posible, culmine con un nuevo Carrillo. Las malas lenguas dicen que puede bastar con que Errejón, estratega del giro al centro, se coma a Iglesias y éste a Garzón.

Pero no crean, morbosos lectores, que Felipe cae como cayó la plana mayor en la clásica tentación de echar las culpas al árbitro. No. Un comunista tiene el casco lleno de abolladuras y alguna ha sido hecha por el enemigo. En el eclipse salimos todos desnudos. Es una operación abierta. Y no es un incisivo bisturí sino un basto percutor el que se abre paso por nuestras vísceras.

Noviembre de 2013, auditorio Marcelino Camacho, Madrid. XIX Congreso del PCE. Diego Valderas ostentaba la vicepresidencia de la Junta de Andalucía y las encuestas daban a IU alrededor del 15%. El coordinador federal, Cayo Lara, sube a la tribuna y lanza una pregunta retórica que suena como una pedrada en un portón: ¿queréis gobernar? A los pocos segundos del impacto algunos delegados responden con brío: ¡sí! Aquella solemne escena confirmó la hegemonía de las tesis derrotadas en la IX y X Asamblea de IU. O dicho de otra manera: la gestión de las tesis victoriosas a manos de los realistas, a saber, los aparatos, que son los que saben de política real y concreta frente a los intelectuales de postín que venden humo y los jóvenes izquierdistas a los que les falta un hervor todavía y están bien en el quinto puesto de las listas, pegando carteles o escribiendo en blogs. No se trataba de construir una Alternativa con vocación de mayorías en un contexto de crisis de régimen, sino de crecer para pactar en condiciones dignas con el PSOE y atraerlo a posiciones de izquierdas. Partiendo de esta posición neocarrillista íbamos bien, de lujo, como reflejaba nuestro crecimiento en las encuestas, por lo que el nacimiento de Podemos solo podía tratarse de una maniobra del poder para evitar nuestro asalto a las vicepresidencias de las comunidades de Madrid y Valencia. Y ya se sabe: ante un enemigo externo, prietas las filas y repliegue interno. IU era un partido, con sus siglas y sus cosas, lo que suponía de facto la muerte del PCE, por cierto, y el obstáculo principal para la Unidad Popular era un acuerdo jurídico para entrar en las Diputaciones, a las cuales queremos suprimir. Unidad Popular, dicho sea de paso, a la que hoy apelan algunos con la misma vehemencia con que la rechazaban hace escasos meses. Sálvese quien pueda.

El resto, hasta aquí, ya lo sabemos. Sin embargo, el partido no ha terminado. Vamos perdiendo, pero el empate catastrófico todavía es posible; podemos lograr una prórroga. Está el cristal, ese eclipse gráfico, entre los labios de Monica Vitti y Alain Delon. Está la amenaza de que la política se convierta en un gigante plató electoral, disputado por una especie de bi-bipartidismo centrípeto. Pero cambia, todo cambia, al menos desde Heráclito. Novelas como Eclipse rojo nos ayudan a comprender los cambios y, luego, a dirigirlos en un sentido emancipador.

lunes, 26 de octubre de 2015

Amancio Ortega, un marxista


 "Nadie se hace rico con su propio dinero" (Frank Seymon)

Fue interesante ver las distintas reacciones ante el encumbramiento de Amancio Ortega como hombre más rico del mundo. No me refiero tanto a quienes se sintieron parte de la hazaña (al ser elevado a héroe nacional hay un poco de todos nosotros en él), sino a quienes se indignaron, no sin razón, al tratarse de un tipo que se sirve de esclavas de 13 años en Bangladesh. Cómo se reiría si os leyera. Porque Amancio es como el gánster de True Detective II: un capitalista que ha leído a Marx y al venir de abajo sabe que no hay margen para cuestiones morales: o comes, o te comen. Por eso el cine negro (de izquierdas por definición según el columnista de El Mundo Raúl del Pozo) y de mafias es la máxima expresión del funcionamiento del poder económico. "No hay riqueza inocente", dijo el recientemente fallecido Rafael chirbes.

martes, 20 de octubre de 2015

Debate de Salvados: no gana Albert Rivera; pierde Pablo Iglesias


Ayer viendo el debate se me vino a la cabeza esta escena de Aprile, la película de Nanni Moretti. En ella, el bueno de Moretti se indignaba frente a su televisor porque il cavaliere Berlusconi se estaba merendando a su candidato, el impasible D'Alema, incapaz de llevar el ritmo del debate. Tiene gracia porque es la misma escena que mencionaba Pablo Iglesias en sus charlas sobre comunicación hace tan solo 3 o 4 años cuando era conocido en su casa a la hora de comer y poco más. Anoche no ganó Rivera; perdió Iglesias. Reconoció estar cansado y transmitió agotamiento (la expresión corporal nunca miente y poco se puede hacer, pero lo primero es un error de bulto); a ratos fue tan a remolque que se limitaba a dar la razón a Rivera (solo le faltó pedir el voto para él, aunque hizo la pertinente gracia al respecto); su formato de retórica se venía abajo con cada interrupción de Rivera, que sentenciaba con frases simples y directas en forma de titular; y cometió el tremendo fallo de reconocer, legitimar y potenciar el relato de Ciudadanos: un “cambio” sensato y solvente, capaz de cuadrar las cuentas. Jordi Èvole tuvo que interrumpirlo para que lo repitiera… En fin, se lo jugaron todo a la carta mediático-electoral y resulta que el poder consiguió neutralizarlos en tan solo un par de meses, poniendo a unos que juegan a lo mismo pero son más listos y más guapos. Y lo peor es que uno ni siquiera puede alegrarse de las desgracias de quienes se alegran de tus desgracias porque el avance de Ciudadanos, aunque no sea solo el partido del IBEX 35, es una mala noticia. Una mala noticia porque están llamados a ser el puntal del régimen del 78 que ya inició su propio proceso de Restauración en sentido oligárquico y que probablemente culminará con una reforma constitucional: aunque cambien algunas caras por arriba, se seguirá crujiendo a los de siempre, a los de abajo.

lunes, 12 de octubre de 2015

12 de octubre

Hoy 12 de octubre, Día de la Hispanidad, cabría preguntarse dónde quedó el sueño de un proyecto político-cultural compartido por cerca de 500 millones de personas que hablan el castellano. Viendo el desfile se me ocurre que el último patriota fue Adolfo Suárez, traicionado por la plana mayor de vendepatrias que encabezan los desfiles desde los 80 hasta el día de hoy. A Suárez se lo carga el Rey, con el inestimable apoyo de la banca y Felipe González, el elegido por los norteamericanos y los alemanes para evitar un escenario como el portugués; los verdaderos diseñadores de la llamada Transición. La gran pregunta es: ¿por qué se lo cargan si, lejos de ser un revolucionario, no era ni de izquierdas? Porque el bueno de Suárez, como buen exfalangista, conservaba una mirada iberoamericana y un cierto recelo hacia el norte. Era contrario al ingreso de España en la OTAN, y solo una persona capaz de reconocer que no había leído un libro en su vida podía tener los cojones de decir en suelo yanki que a él no lo presionaba nadie, “y menos los norteamericanos”. Visitó a Fidel Castro, recibió a Yasir Arafat y reestableció relaciones diplomáticas con la URSS. A partir de ahí, una retahíla de traiciones que ningún medio de comunicación se ha atrevido siquiera a sugerir; hay documentales sobre su figura en los que no se pronuncia la palabra OTAN ni una sola vez.

Cuentan que Emilio Botín, del Banco Santander, fue a visitarlo a La Moncloa, y como tenía la gota le pidió al presidente que le dejara posar el pie encima de la mesa durante la reunión. Éste se negó, y poco más tarde uno de sus lemas de campaña fue: “Yo también tengo problemas con la banca”.

¿Por qué rescatar estas anécdotas un 12 de octubre? Porque nuestro papel de pardillos en “la construcción europea”, aparte de dejarnos de rodillas ante norteamericanos y alemanes, se cargó la posibilidad de una alternativa real. El espectáculo de unos que se creen más patriotas por lucir la bandera más larga y otros que se avergüenzan por ser españoles, es solo una de las consecuencias de esa derrota. Mención aparte merecería la izquierda que podríamos catalogar como cristiana, ya que solo vive moralidades.

“El nuestro es un país europeo, sin embargo, recibe su justificación de pasado, presente y futuro en Iberoamérica. Cada vez estoy viendo más claro que eso nos permite hacer de puente entre el mundo desarrollado y el menos desarrollado. Por eso España va a defender las posiciones iberoamericanas ante el Mercado Común Europeo. Y no seremos mendigos ante éste.” (Adolfo Suárez, 1978)

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