Avisados estábamos
martes, 4 de junio de 2013
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Ángel de la Cruz
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Estado Español,
Internacional
Transformismo magenta
En tiempos de crisis política (de
hegemonía o, propagada la metástasis social, de régimen) la clase dominante se
ve obligada a maniobrar con el fin de mantener sus privilegios. Hay veces en
las que el rey está tan desnudo que hacen falta cambios para, al menos, calmar a esos que piden democracia, o
séase, derechos sociales. Un dispositivo puede ser lo que en términos gramscianos
se conoce como transformismo. Algo así como la cooptación de los intelectuales
de las clases dominadas para ampliar el respaldo social y político. Un
dispositivo útil para legitimar, en última instancia, una transformación
gatopardista que solo altere las estructuras superficiales del poder o, dicho en
román paladino, que cambie todo para que todo siga igual. Distintos voceros de
la oligarquía que hoy nos hablan de una “segunda transición”, sin querer, imagino, nos
señalan a la Transición como ejemplo paradigmático de gatopardismo y, al mismo
tiempo, de fondo, como el principal origen de todos nuestros problemas, por
actuales y modernos que parezcan.
El bipartidismo, como fiel
representante político del régimen, tiene unos límites que ya se están
empezando a evidenciar encuesta tras encuesta aunque, como bien dice Rubalcaba –que
suena a pretérito imperfecto pero no tiene un pelo de tonto-, sea prematuro
decir que haya caído ya. Resulta imprescindible en este contexto un recambio de
élites que legitime lo que se conoce sarcásticamente como “el juego democrático”.
Una renovación de los actores para que nadie cuestione el escenario. Aquí es
donde entra en escena UPyD. Su papel es el de Berlusconi en Italia tras el
escándalo de la ‘tangentópolis’: impedir cualquier salida social en forma de
ruptura democrática a la crisis y una “regeneración” que nunca, bajo ningún
concepto, cuestione las viejas formas de dominación, es decir, el sistema
capitalista de producción. Es importante entender UPyD como lo que es, primero
para explicar y, segundo, para no equivocarnos. Indigna, y mucho, que UPyD se
posicione a favor de quienes dieron el Golpe de Estado en 1936 pero, señores y
señoras, así ha sido siempre la oligarquía española: una mezcolanza entre lo
peor del neoliberalismo y lo peor del nacional-catolicismo.
Romper con el mito del Frente Popular
Hoy en día todas las personas que
dedican parte de su vida a la política en nuestro país (a estudiarla o a
ejercerla, ya sea en una institución o en un movimiento social) llegarán a una
conclusión que meses atrás no parecía tan clara: asistimos a una Crisis de
Régimen. Esto ya no es un juicio de valor, una algarada o una consigna, es una
constatación. La clase dominante ya no dirige, solo domina mediante la fuerza ya
que ha perdido –va perdiendo, más bien- el consentimiento de las masas que a su
vez se van desprendiendo, paulatinamente, de las ideologías tradicionales. Decía
Lenin que la Revolución era imposible sin una crisis nacional general, que se
manifestaría –principalmente- en que los explotados serían conscientes de la
necesidad de dicha revolución y en que la crisis gubernamental sería tan
importante que la política llegaría a las grandes masas, antes ‘ajenas’ a ella.
Seamos más modestos y cambiemos “revolución”
por “proceso constituyente” (más lo siento yo), aspirando a un escenario como
por ejemplo el venezolano: llegar al Gobierno, iniciar un proceso
constituyente, crear un nuevo marco político-institucional y, una vez ahí, arrebatar
Poder.
Los estudios sociológicos que
evidencian la caída del bipartidismo, de la monarquía, de la ‘democracia
representativa’ o el rechazo a la ‘economía de mercado’ son sintomáticos. Como
también lo son los continuos movimientos que se producen como respuesta ante un
posible levantamiento organizado y popular: Beatriz Talegón, el Príncipe
Felipe, UPyD, cambios estratégicos de determinados medios de comunicación,
cánticos de sirena hablando de unidad de la izquierda en abstracto, etc.
Transformismo. Gatopardismo, en el
fondo: cambiar todo para que nadie cambie. Lo decían algunos sin sonrojo: una
segunda Transición. No se me ocurriría mejor ejemplo.
Este contexto de excepción, que
abre un escenario nuevo en el que podemos disputar la hegemonía, podemos
afrontarlo desde dos visiones distintas y, a mi juicio, opuestas. Por un lado
podemos seguir con los mismos ojos que hace diez, veinte o treinta años. Así,
llegaríamos a la conclusión (tan repetida hoy, cada vez con más asiduidad y
menos originalidad) de que lo que hace falta es un Frente de Izquierdas para
parar “a la derecha”. Implícitamente se legitima el bipartidismo (reconociendo que hay una opción de
izquierdas y otra de derechas) y se subordina todo movimiento que no sea
institucional al plano meramente electoral. Independientemente de cualquier
otro juicio, esta opción, planteada como una especie de pactos por arriba y
sumas de siglas, sería un fracaso porque en el mejor de los casos
conseguiríamos ser ocho más dos.
Por otro lado, podemos mirar a lo
grande, asumir lo anterior y analizar el plantel sociológico y político. Así
llegaríamos a la conclusión de que no basta con los llamados “votantes de
izquierdas” del PSOE (que se iban con el voto
útil) y que ni siquiera basta con la unión sincera y generosa de toda la izquierda transformadora. Si aspiramos a
ser mayoría, a ser fuerza de poder, necesitamos a todas las personas con
sensibilidad constituyente y sin anclajes ideológicos sólidos. Dicho de otra
manera: necesitamos a todas las personas que apoyan a la PAH y creen que el Congreso
no pinta nada (esas que antes votaban a PP o PSOE y puede que lo sigan haciendo
si no encuentran Alternativa). Y nadie debería asustarse: esto no quiere decir
que hay que moderar el discurso o rebajar el programa, al contrario. Lo único
que quiere decir es que lo abstracto divide y lo concreto une (o pone a cada
uno en su lugar): lo concreto es un programa nítidamente anticapitalista con
medidas tan precisas como comprensibles respaldado por un discurso rupturista y
de mayorías, encuadrado en un marco estratégico que tenga como objetivo la
superación de este decrépito Régimen. No se trata de dar palos de ciego sino de
ofrecer un proyecto alternativo de país, ya que a veces se nos olvida que a la
gente normal le interesa un comino qué opinamos de Corea del Norte y que
nuestros sesudos análisis no sirven de nada si no somos capaces de
transformarlos en Discurso.
Vuelvo
Algunos, pocos, os preguntaréis por qué no actualizo. La respuesta es fácil: estoy leyendo. Vuelvo la semana que viene. Con sorpresas.
10 breves comentarios sobre la PAH y los escraches
1.
La Vivienda es un Derecho Humano recogido en el artículo 47 de la
Constitución Española y en el artículo 25 de la Declaración Universal de
Derechos Humanos, asumida por España.
2. Teniendo en cuenta
esto y que al día se producen 500 deshaucios a pesar de que en España
hay más de cinco millones de viviendas vacías, tenemos que tener claro
que vivimos en una situación de ilegalidad, de anormalidad.
3.
La agudización de las contradicciones del capitalismo hace inútil la
propia legalidad burguesa, desde la Constitución del 78, que no es
nuestra, al Parlamento Español, pasando por el (mal)llamado Estado de
Derecho.
4. Tomás de Aquino dijo: "En ciertos casos es malo
seguir la ley constituida. Mas es bueno, dejando a un lado las palabras
de la ley, seguir lo que piden la razón de justicia y la utilidad común.
Y a esto se ordena la equidad.”
5. El Preámbulo de la
Declaración Universal de DD. HH. considera "esencial que los derechos
humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el
hombre no se vea compelido al supremo recurso de la Rebelión contra la
tiranía y la opresión."
6. La Declaración de los Derechos del
Hombre de 1793 decía: "Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo
la insurreción es para el pueblo, y para cada porción del pueblo, el más
sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes."
7. Todo esto quiere decir que los escraches hoy en día no solo están
justificados y son legítimos, sino que son necesarios. Ante una
situación como la actual, con seis millones de parados, millones de
personas bajo el umbral de pobreza, 500 deshaucios diarios y un trasvase
importantede dinero público a manos privadas, hay dos opciones: amagar
la cabeza o rebelarse. Si las sociedades han avanzado ha sido siempre
gracias a quienes se rebelaron en su momento contra el orden
establecido. La Historia no debe nada a quienes amagan la cabeza.
8. Ellos, los grandes bancos, las grandes empresas y las grandes
propiedades, escudados por sus voceros de ABC, El Mundo y demás
"todólogos", nunca se han hecho juicios morales. No caigamos en sus
moralinas y sus monsergas sobre "violencias", "ilegalidades" y "yo os
apoyo pero...". Sus intereses son contrarios y antagónicos a los
nuestros. Lo que es bueno para nosotros es malo para ellos y viceversa.
Ni caso.
9. La PAH es la vanguardia y todo PC debería aprender
algo de ella. Han conseguido que la inmensa mayoría apoye una
reivindicación en primera instancia "inocua", "transversal", pero que en
realidad dinamitaría el actual sistema financiero español. Es decir,
las 'simples' y justas reivindicaciones de la PAH, abrirían una brecha
importante en el régimen. Cifuentes y Carlos Cuesta lo saben; los
infantiles de siempre siguen sin saber de qué va la cosa.
10.
Los Fernando Savater y demás "intelectuales" con sentido de Régimen son
el cascajo de una época que muere agonizante y quiere llevarnos por
delante. Cuando se ven obligados a comparar a la PAH con ETA (como Rosa
Díez) no solo muestran su mal gusto sino algo inédito: tienen miedo. Y
eso es muy bueno.
La Tuerka sobre Chávez: Hasta siempre, Comandante
viernes, 8 de marzo de 2013
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Ángel de la Cruz
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