domingo, 25 de diciembre de 2011

jueves, 22 de diciembre de 2011

Felices fiestas señores

No somos religiosos y además tampoco nos dejamos embaucar por el espíritu consumista de la Navidad, pero qué diantres... Espero que lo paséis muy bien estas vacaciones (para algunos) y sobre todo que las paséis con quien queréis, eso es lo realmente importante, lo demás es secundario. Son días para limar asperezas con todos los que nos rodean y días para celebrar que al menos vamos, más bien o más mal pero vamos.

Es algo así como el tema de Reincidentes: nos vamos de parranda, pero sin olvidar que estamos jartos daguantar!!

Muchísimas gracias y muchísima salud a todos los que me seguís, especialmente a los que lo hacéis desde un principio. Muchas veces soy poco afectuoso y olvido un poco el blog, pero creedme que para mí es algo importante, es una especie de confesionario, aunque vosotros sois más listos que los concursantes y el público de Gran Hermano. Salud!!!!

martes, 20 de diciembre de 2011

Estoy en Twitter

Compañeros, compañeras, ayer me hice un Twitter y le estoy pillando el manejo, ya he tenido alguna que otra trifulca con la peña de UPyD. Está gracioso. Seguidme en @angeldelacruziu y hago yo lo propio para que podamos interactuar.

viernes, 16 de diciembre de 2011

El fascismo del siglo XXI


En Martín (Hache), película del gran director argentino Adolfo Aristarain, Martín (interpretado por el siempre elegante Federico Luppi) tras soltar una retahila de insultos a los fachos, decía que hay que reconocer que son muy inteligentes. Así es. Mientras la izquierda se ha dedicado a tocar el violín, el fascismo ha sabido interpretar magistralmente el contexto de nuestra historia cada vez que ha tocado. Tanto es así, que el lector inocente y bondadoso se echará las manos a la cabeza y pensará que quien escribe estas líneas es un radical y un extremista, puesto que fascismo es Hitler masacrando judíos o Franco fusilando republicanos, y eso obviamente no pasa hoy en día.

Por norma general, el fascismo surge o resurge en las crisis, se alimenta y se aprovecha de ellas presentándose como una solución, cuando no es directamente impuesto y azuzado por su hermano mayor: el capitalismo. Su meta es el totalitarismo, la abolición de los derechos y libertades más básicas de los ciudadanos como pueden ser la libertad de expresión, el sufragio universal o la oportunidad de pertenecer a un partido y por tanto de participar en la vida democrática. Su mensaje se nutre del populismo y una fina demagogia capaz de presentar la abolición de un sistema democrático como una regeneración democrática, por ejemplo. Sus métodos son el militarismo, la tortura, el secuestro, el asesinato y en definitiva la violencia represiva, como vimos en el Chile de Pinochet u otras tantas dictaduras apoyadas cuando no ejecutadas directamente por los Estados Unidos.

Hoy en día, las metas y los mensajes siguen siendo los mismos, pero los métodos no. He aquí la clave del éxito del fascismo del siglo XXI, que ha sabido cambiarse de chaqueta y de careta las veces necesarias parar adaptarse a los nuevos tiempos. A día de hoy sería impensable que un Gobierno sacara los tanques a la calle y se liara a disparar de forma indiscriminada contra manifiestantes pacíficos (aunque en algunos lugares sigue pasando), básicamente porque las maneras de ese fascismo ortodoxo están socialmente condenadas. Esto lo han sabido leer perfectamente los fachos, por eso tomaron la inteligente decisión de cambiar los fusiles, los tanques, las cárceles y en definitiva el dominio militar por un dominio mucho más temible, más poderoso: el dominio de la mente.

De nuevo, el lector inocente y bondadoso se echará las manos a la cabeza y se preguntará que cómo va a ser posible tamaña barbaridad, cómo va a ser posible que gente de bien asimile el discurso del fascismo. Pues bien, es posible del mismo modo que hace siglos era posible acusar de hereje a cualquiera que dijera que la Tierra era redonda. Es posible porque el Poder tiene unos mecanismos finísimos para meter en nuestras cabezas la verdad institucionalizada, lo que se conoce como el pensamiento único. Antaño esa verdad institucionalizada, ese pensamiento único era Dios o la Patria, hoy es la Competitividad. No hay más opción que el neoliberalismo, no hay más opción que el ajuste, no hay otra alternativa nos repiten en todas las cadenas de televisión, en todos los programas de radio y en toda la prensa escrita. Estos son, los medios de comunicación o mejor dicho de propaganda, el primer y más eficaz instrumento para perpetuar el sistema dominante. Ya lo dijo Goebbels, insigne fascista alemán: una mentira repetida mil veces se convierte en una gran verdad.

Antes obligaban a beber cicuta o colocaban a un Caudillo encargado de reprimir a la disidencia, hoy directamente eligen a dedo a un tecnócrata de presidente como en Grecia o Italia para que ejecute las directrices de los europeístas de salón que aparte de meternos en la crisis ahora nos impiden salir de ella. Cuando asesinaban o reprimían, la gente protestaba o al menos se daba cuenta de que se estaban cometiendo injusticias, hoy no. Han conseguido, entre aplausos y votos, lo que consiguieron en el siglo XX a base de cárcel y fusilamientos. Nos han despojado de la mayoría de nuestros derechos y libertades, el resto las han caricaturizado. La lista de tropelías sería casi interminable, basta con preguntarnos qué posibilidades reales tenemos de cambiar las cosas, de interferir de manera directa en la política, es decir de interferir en el reparto de la riqueza entre el pueblo, porque esto y no otra cosa es la política.

El fascismo va ganando esta guerra, con bastante ventaja sobre la izquierda además, porque ha sido tácticamente muy inteligente y ha sabido cambiarse a tiempo de chaqueta: del uniforme militar al traje con corbata, del ejército de soldados a un ejército de periodistas mercenarios. También la va ganando por deméritos de una izquierda timorata, sin hoja de ruta y siempre haciendo realidad aquella famosa escena de La vida de Brian en la que se parodia a una izquierda tremendamente dividida. Si no empezamos a trabajar desde ya y empezamos a participar en escenarios donde no nos esperan y donde no nos pueden controlar, estamos perdidos.

El sistema es casi tan perfecto como el de Matrix, aunque aquí no tenemos la oportunidad de ofrecer pastillas rojas con dosis de realidad a nadie, pero sí podemos empezar por mirar a nuestro alrededor y explicar de manera pedagógica que cuando excluyen a IU de la Mesa del Congreso eso es fascismo; que cuando Rosa Díez intenta ilegalizar a un partido democrático como Amaiur eso es fascismo; que cuando secuestran a raperos o a periodistas que cubren deshaucios eso es fascismo; que cuando nuestros presidentes no mandan sino que obeceden a iluminados que no han sido elegidos por nadie eso es fascismo.

Mucho se ha hablado del Socialismo del siglo XXI, pero nada de este fascismo de nuevo cuño, financiero e institucionalizado, mucho más moderno y sofisticado que el del siglo pasado. Después de décadas y décadas de disputas, a lo mejor lo que nos define y nos orienta a nosotros es precisamente definir a nuestro enemigo.

martes, 13 de diciembre de 2011

Los que viven en la inopia, los de izquierdillas y los de izquierdas


 Dentro de la juventud llana, esta es la que no vive en una burbuja y es consciente porque no le queda más remedio de que esto no es el paraíso, hay tres tipos de personas: las que viven en la inopia, los de izquierdillas y los de izquierdas.

Los primeros son conscientes de que la vida está mu mala, de vez en cuando se quejan, incluso a veces lloriquean, pero son pragmáticos y se dedican a vivir. No se preocupan del origen de sus problemas, de por qué están en paro, de por qué sus padres se ven negros en pagarles el alquiler o de por qué cobran tan poco en un trabajo que además de ser temporal es una ruina.

Se suelen basar en la filosofía carpe diem, en vivir el momento, en no pensar en el futuro y básicamente en ese pensamiento tan egoísta y a la vez tan extendido como es el yo a lo mío y el que venga detrás que achuche. No se dan cuenta de que todos los problemas que sean sociales, es decir que afecten a alguien además de ellos, tienen una explicación política porque sus causas, y por tanto sus soluciones, son políticas. Se empeñan en creer, cuando no miran para otro lado, que su caso se trata de un caso individual, particular, aislado, y que por ello responde al azar caprichoso de una cruda realidad. Éstos suelen ver a los del tercer tipo (izquierdas) como pesados y amargados de la política que viven en los mundo de Yupi, que tienen muchos pájaros en la cabeza y aunque suelen ser gente bastante maja y además formada creen que pierden el tiempo porque son unos idealistas. Pero más allá de esa concepción equivocada que intentan utilizar como excusa para no hacerles caso, lo que mueve a esta gente que vive en la inopia, o mejor dicho lo que les impide moverse, es la flojera, la vaguedad.

Por ejemplo, uno de los primeros tiene un bar y se queja porque cada vez tiene menos clientes. Como el niño que tiene una venda y juega a las cucañas, se lía a pegar palos de ciego y se acuerda de la madre de unos y de otros, pero no pasa de ahí. Es entonces cuando uno de los terceros intenta explicarle que su problema es consecuencia de la crisis porque si los clientes no tienen dinero, no tienen crédito, no pueden consumir. Además sigue y asegura que por ello el Gobierno se equivoca con los recortes y los ajustes, pero el primero ya se harta y lo interrumpe porque al escuchar la palabra Gobierno ve venir un discurso político que no le interesa. Y no le interesa porque pensar es algo difícil, costoso, cansino, y él es un flojo mental. Prefiere seguir en la inopia, en la ignorancia, en la flema, que pararse y pensar, porque intuye que si piensa puede descubrir algo que le cueste el sueño. Esta es la moral del esclavo. Esclavo que prefiere besar la mano de su dueño a levantarse, porque levantarse le puede traer problemas. He ahí la clave del éxito de esa trampa llamada conformismo.

Basta con echar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de cuáles son las consecuencias de la pasividad, el conformismo, la ignorancia y la flojera mental.

En segundo lugar tenemos a los de izquierdillas. Son críticos, de boquilla hipercríticos, pero a la hora de la verdad tutto fumo e niente arrosto. Tiran de simbología y lenguaje de izquierdas, suelen caer en el insulto fácil, para ellos todos los que discrepan son unos fachas. En realidad no tienen ninguna formación política y cuando alguien pone de relieve su ignorancia camuflada se excusan en que en realidad pasan de la política o se escudan en el dogmatismo más férreo. Suelen ver las noticias y decir amén a todas, ni siquiera se cuestionan que los medios de información como empresas que son, tengan intereses económicos y empresariales, y por tanto políticos. Para ellos, ser de izquierdas es criticar a voz en grito al PP. A la hora de leer, culturizarse o militar pasan, su lucha se limita al ordenador, en la calle nunca puesto que mojarse conlleva riesgos, además creen que pegar carteles es un coñazo y repartir octavillas algo inútil. Algunos, incluso, son de izquierdas dos horas al día, cuatro a la semana o sólo el tiempo que les conlleve votar cada cuatro años. De estos hay muchos y varios subtipos, pero los que más abundan son los que relativizan y convierten a la política en una religión.

Por ejemplo, hay gente de izquierdillas que es del PSOE lo mismo que otra es del Madrid o del Barça, es decir por tradición familiar, porque lo han mamado desde pequeños en sus casas. Cuando alguien de los terceros intenta debatir con ellos alegando que en el Congreso de Suresnes perdieron cualquier seña izquierdista o que en el Parlamento Europeo han votado conjuntamente con el PP el 70% de las leyes o tira de datos objetivos, los de izquierdillas contraatacan siempre de manera personal a quienes los critican, nunca a los hechos objetivos. Conscientes de su ignorancia, suelen intentar desviar el debate y la atención, normalmente acusan a los terceros de ser pocos o de fallos cometidos por éstos en el pasado, a pesar de que sean ínfimos e insignificantes en comparación con los suyos.

Basta con echar un vistazo a la calle o al movimiento anticapitalista en general para saber dónde están unos y otros o cuál es la aportación real de cada uno. Manifestaciones sí... si quien gobierna es el PP, si no a cenar izquierdismo.

Por último están los menos, los de izquierdas. Pero a éstos, para bien y para mal, hay que echarles de comer aparte.

domingo, 11 de diciembre de 2011

miércoles, 7 de diciembre de 2011

¡Un socialista en el PSOE!

33º aniversario de la Constitución de unos cuantos


Ayer 6 de diciembre de 2011, se celebró el trigésimo tercero (33º) aniversario de la Constitución Española. Dicha Constitución es una de las tres patas del trípode que sostiene a nuestra democracia burguesa, junto con la Monarquía y la Transición, también indivisibles y sacrosantas pero subordinadas a la primera. Y digo subordinadas básicamente porque tanto la Monarquía como la Transición se maquean y se legitiman gracias a la primera. Por ejemplo, si alguien llega y dice que la Transición no fue modélica sino un remiendo cutre y que, por ejemplo, las fuerzas represoras mataron a más personas entre 1977 y 1979 (107) que entre 1970 y 1973 (11)*, es respondido por un claro “la Transición democrática se llevó a cabo por todos los sectores del pueblo español y eso se manifiesta en la Constitución de 1978, aceptada por la inmensa mayoría del pueblo español”. Por otra parte, si decimos algo tan descabellado como que la Monarquía per se es un atraso y que la española más todavía por su clara vinculación con el franquismo, somos respondidos por un claro “no hay que olvidar que como dice la Constitución, el Rey es el Jefe del Estado y el símbolo de la unidad, como tampoco hay que olvidar que la Constitución fue y es aceptada por la inmensa mayoria del pueblo español”.

Total, que la Constitución es la piedra angular del sistema bipartidista que tiene al país manga por hombro y sumido en el paro y en la pobreza. Por lo tanto, cualquier pretensión que tengamos de cambiar algo que ataña al sistema en su conjunto, choca frontalmente con la Constitución, aunque no hay que olvidar que medidas importantísimas de carácter progresista para salir de la ciénaga en la que nos han metido se podrían realizar con la Constitución en la mano, como bien señala Julio Anguita en sus conferencias sobre la crisis.

En nuestra constante tarea de pedagogía hay que dejar bien claro que esta Constitución no nos representa por muchas razones, no sólo porque a día de hoy es papel mojado puesto que día sí y día también se ignora o directamente se vulnera, como hicieron hace poco PSOE y PP a merced de los mercaderes europeos cuando incluyeron en ella el dogma neoliberal.

No nos representa principalmente, y aunque alguno se pueda sorprender, porque somos de izquierdas. Así de claro. Y como además vivimos en un país en el que por su historia ser republicano adquiere aún más sentido del natural, insistimos y nos reafirmamos: no nos representa.

Como buena gente de izquierdas, apostamos por una sociedad justa e igualitaria en la que todos los ciudadanos seamos iguales y tengamos las mismas posibilidades. Y es aquí, en esta primera y superficial premisa, que por cierto subscribiría el 99% de los españoles, donde entramos en conflicto con la Constitución (¡y eso que todavía, a pesar de que somos unos trasnochados, no hemos hablado de la abolición de la propiedad privada y las clases sociales!). ¿Por qué? Porque el hecho de que la Jefatura del Estado se herede por vía vaginal es algo totalmente retrógrado, propio de sociedades mediavales. Y también machista, por cierto, como deja claro el Artículo 57.

Si a nuestra primera y superficial premisa le vamos sumando detallillos como el Artículo 56 que convierte a la persona del Rey en inviolable y fuera de toda responsabilidad, y además recordamos que ese mismo Rey es Rey por la La Ley de Sucesión, es decir por la Gracia de Dios y de Franco, al cual describió con gratitud como una figura expcepcional; que es el mismo que juró guardar lealtad a los principios del Movimiento Nacional (franquismo); que es el mismo que muestra abiertamente su amistad con dictadores como Mohamed VI o Abdalá bin Abdelaziz; que es el mismo que, hablando de sacrificios, cobra nueve millones de euros anuales de los españoles a los que se supone que representa, y un largo etcétera, podemos entender a personas como Antonio Romero que se desgañitan para abrir un proceso constituyente que desemboque en la III República y esto es, queramos o no, en una nueva Constitución. En una que, aparte de recoger los derechos inalienables más básicos de los ciudadanos, no se olvide de los cientos de miles de luchadores que fueron asesinados por defender la libertad y la democracia, no sólo durante la Guerra Civil sino también en la posguerra.

Cuando esa nueva Constitución, impulsada por el pueblo soberano, concienciado y libre de amenazas, sea un hecho y garantice los derechos y los deberes de todos los ciudadanos en su conjunto, sean ricos, pobres o formen parte de cualquier institución como puede ser la Jefatura del Estado, podremos celebrarla. O en el peor de los casos al menos respetarla. Hoy en día, no podemos hacer ninguna de las dos cosas, por eso, entre otras cosas, los concejales de IU tomamos posesión de nuestros cargos “por imperativo legal”. Porque no nos representa, porque a día de hoy es la Constitución de unos cuantos: de Emilio Botín y sus capataces, cuyos intereses económicos están blindados en ella y no corren ningún peligro, a no ser que tanto a PP como a PSOE les de un tic democrático y hagan cumplir el artículo 47, o el 40 o el 128 que dice algo muy curioso:

Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.

Conociendo la naturaleza de ambos partidos, está claro que eso no va a ocurrir, ya que esas cosas sólo pasaron tras la Transición, cuando algunos se acostaron franquistas y se levantaron demócratas (supongo que cuando se proclame la República, nadie tendrá pasado monárquico o juancarlista). Por lo tanto, nuestra lucha es otra, nuestra lucha está en la calle, en los barrios, en nuestra casa, en el bar, en la facultad, etc. y consiste en la concienciación y en la movilización popular que, canalizada de forma inteligente en todos los frentes, ejerza una presión tan importante que hasta al más monárquico le revienten los tímpanos.

* Datos recogidos en Evolución social, criminalidad y cambio político en España de Alfonso Serrano Gómez, Madrid, 1983.


Ángel de la Cruz, estudiante de Ciencias Políticas y de la Administración y concejal de IULV-CA.

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